La ciudad de Vitoria-Gasteiz se convirtió esta semana en el centro neurálgico de la psiquiatría moderna al albergar la 33ª edición del Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría, un evento que reunió a más de 1.000 profesionales de España y Latinoamérica. Con un enfoque multidisciplinario, el encuentro exploró desde tratamientos pioneros con sustancias psicodélicas hasta el impacto de la alimentación en el cerebro, marcando un hito en la búsqueda de soluciones para trastornos complejos como la depresión resistente y el estrés postraumático.
Dirigido por el Dr. Edorta Elizagarate, jefe de Psiquiatría de Álava y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica, el curso priorizó la actualización de prácticas clínicas basadas en evidencia. «Nuestro desafío es equilibrar la innovación con la responsabilidad: aunque avanzamos en visibilizar los trastornos mentales, no podemos medicalizar el malestar humano sin abordar sus raíces sociales», sostuvo Elizagarate durante la apertura.

Psicodélicos en el consultorio: Entre la esperanza y la precaución
Uno de los temas que acaparó atención fue el uso terapéutico de sustancias como el MDMA y la esketamina, especialmente en casos donde los tratamientos convencionales fallan. En la Red de Salud Mental de Álava, por ejemplo, la esketamina —un derivado de la ketamina— ya se aplica con resultados prometedores: más del 50% de los pacientes con depresión resistente experimentan mejorías significativas. «Estamos ante una alternativa real para quienes han agotado otras opciones», explicó Elizagarate.
El Dr. Óscar Soto, psiquiatra e investigador del Parque Sanitario de San Juan de Déu, ahondó en lo que denominó el «renacimiento psicodélico«. Sustancias como la psilocibina (presente en hongos alucinógenos) y el MDMA —asociado décadas atrás al uso recreativo— están siendo reevaluadas en ensayos clínicos rigurosos. «En contextos controlados, estas moléculas facilitan procesos terapéuticos profundos, ayudando a pacientes con estrés postraumático o ansiedad crónica a reconfigurar patrones cerebrales rígidos», detalló Soto. Sin embargo, ambos expertos enfatizaron que el éxito depende de un marco estricto: dosis precisas, supervisión profesional y psicoterapia integrada. «Sin estos pilares, el riesgo de efectos adversos o malas prácticas es alto», advirtió Soto.
La mesa como aliada: Nutrición y neuroplasticidad
Más allá de los fármacos, el curso destacó el papel de hábitos cotidianos en la salud mental. La Dra. Eva Garnica, psiquiatra de la Red de Bizkaia, presentó evidencia sobre cómo la dieta mediterránea —rica en frutas, verduras, pescado y grasas saludables— fortalece la microbiota intestinal y, con ello, la función cerebral. «Los alimentos antiinflamatorios no solo protegen contra enfermedades crónicas, sino que mejoran la regulación emocional y la capacidad de adaptación cognitiva», señaló.
En contraste, los ultraprocesados —con altos niveles de azúcares, sodio y aditivos— mostraron un efecto corrosivo. «Estudios recientes vinculan su consumo excesivo con menor plasticidad cerebral y mayor predisposición a trastornos como la depresión», alertó Garnica. La especialista también mencionó prácticas accesibles —como el ejercicio regular y el ayuno intermitente moderado— como herramientas para potenciar la resiliencia mental. «Son intervenciones simples, pero su implementación sistemática podría reducir la carga en los servicios de salud», propuso.
Innovación con responsabilidad: Los desafíos pendientes
Aunque el entusiasmo por estos avances es palpable, el curso no eludió las advertencias críticas. El Dr. Elizagarate recordó que, pese a los progresos, los sistemas de salud enfrentan una saturación sin precedentes: «La demanda supera nuestra capacidad de respuesta, y eso exige replantear estrategias desde la prevención hasta la atención especializada».
Por su parte, el Dr. Soto insistió en la necesidad de educación pública: «Debemos evitar que el interés por los psicodélicos derive en automedicación o trivialización. Estos tratamientos no son para todos, y su aplicación requiere protocolos rigurosos».
Interrogante final:
Si la ciencia nos ofrece tanto moléculas revolucionarias como soluciones cotidianas para cuidar la mente, ¿cómo lograremos que estos avances lleguen a quienes más los necesitan sin profundizar las desigualdades en el acceso a la salud?